El concepto

Decidir situarse en la periferia de una discusión o de una reflexión no debe traducirse en ocupar una posición inalterable, predestinada, y ya marcada por su contexto, sus límites y la geometría de su entorno. La periferia no debe entenderse como algo estático, inmóvil, que permanece siempre en el mismo sitio. No se trata de contemplar la realidad desde un mismo lugar, sino de dar vueltas y vueltas al círculo, atisbar el centro desde lejos para conocer cuáles son los temas que preocupan al saber académico o a la conciencia ciudadana.

Ahora bien, el mismo centro puede tener sus periferias internas, sus puntos alejados, aunque siempre cercanos, sus debates que permanecen en los márgenes, pero se salvan del abismo de la indiferencia. En este caso comprenderemos periferia no como una posición geográfica, determinada por su marginalidad y condicionantes sociales que empujan a las afueras una manera de ver las cosas, sino como una elección, la decisión de dar un paso atrás (o hacia delante) para conocer el valor tanto de aquello de lo que uno se aleja como de lo nuevo que descubre. Habitar la periferia es rondar el espacio de la duda, cuidarla, estar atento de lo que acontece a su alrededor y ver a dónde apuntan los focos.

Pero apostar por partir de la periferia también obliga a conocerse, analizar lo que la sociedad aparta de su perspectiva más cercana, de su órbita reflexiva. Se trata de un proceso, de una manera de dirigir nuestros pensamientos para entender las posturas convergentes, pero también las antagónicas, especialmente las antagónicas.

La periferia, no es una, son muchas, incontables y regenerativas. Aparecen y desaparecen constantemente. Mutan la piel, nos transforman. Cada uno decide las distancias que marca entre el centro y las restantes periferias. Cada uno escoge en un artículo cómo abordar una cuestión. La libertad para situarse en la cartografía de una discusión es imprescindible y varía continuamente, porque ningún artículo es igual, ningún escrito parte del mismo punto.

La idea de este espacio es indisociable del concepto de periferia expuesto y entendido de esta manera. No es una pretensión de querer poner de manifiesto una desigualdad construida por la forma de apartar y acercar ciertos temas, sino un camino que se transita para poder aprehender mejor todo lo que ocurre en el círculo, mostrar todo lo que cabe en él e incluso inventar nuevas delimitaciones, nuevas dimensiones que también tengan su manera singular de relacionarse con el centro y el resto de las periferias expectantes. No tiene fin, es algo dinámico, que no deja de moverse, de evolucionar, de pensarse.

Acercarse a una posición es alejarse de otra, todo movimiento condiciona el dibujo del resto. El paisaje es distinto según los ojos de quien lo mira. Por eso es imprescindible esa libertad de que cada uno escoja su periferia y su centro, que los interioricé, que los contraponga, que los discuta. Y, sobre todo, que se haga en libertad, sin servir a nada ni nadie y sin olvidarse de los matices.

Propongo escribir sin sentir esa lupa invisible que busca cuestionar la libertad de cada uno, que compartamos y sepamos escuchar, pero que también tengamos el rigor suficiente para justificar lo que hacemos.

Que cada uno parta de su perfieria, que cada uno busque cómo ocupar este espacio con sus ideas.

Publicado por Eduard Redondo Ribes

Graduado en Derecho y Ciencias Políticas por la UAM. Opositando al Cuerpo Diplomático.

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