El Postmodernismo: historia de un parricidio

Demolición del último bloque de Pruitt-Igoe, 1972.
Philip Johnson fotografiado en 1987 junto a una maqueta del AT&T building.

Casi toda la historia de la arquitectura (y la historia en general quizás también) podría relatarse como una continua lucha entre lo pasado y lo venidero, entre lo clásico y lo moderno. Aquello que en determinado momento es vanguardia y llega para romper con lo establecido pasará con el tiempo a ser lo canónico y más tarde a ser sustituido, en un ciclo que se repite siempre. Al igual que un padre que también fue joven deja paso a su hijo, la figura del “parricidio” entendida desde el punto de vista de la vanguardia artística es un punto de vista muy interesante para abordar la historia de la arquitectura.

El gótico francés y centroeuropeo entra en crisis durante la segunda mitad del siglo XIV y a lo largo del siglo XV, cuando las grandes catedrales proyectadas en época de bonanza encuentran problemas para ser completadas, y las ciudades bajomedievales asoladas por la guerra, la enfermedad y la crisis económica,  deben replegarse sobre sí mismas y guardar sus recursos. Aunque muchas de las obras se retoman durante los siglos XV y XVI, el siglo XIV es un siglo de crisis para el gótico con la peste negra y la Guerra de los 100 Años asolando Europa. En ese caldo de cultivo de poblaciones mermadas y decadencia es cuando nace el Renacimiento en Italia, extendiéndose más tarde por toda Europa.

Y ese Renacimiento que viviría su apogeo durante los siglos XV y XVI de la mano del humanismo, de la ciencia y de una perspectiva antropocéntrica de la vida, entrará en crisis durante el siglo XVII. El arte barroco que lo sustituye poco a poco se torna hacia el mundo de los sueños, los anhelos y la propaganda de una fe que estaba en crisis. Las iglesias se llenan de esculturas, trampantojos y decorados teatrales para recuperar a unos fieles desencantados.

Y así podría hilarse un relato sobre la historia de la arquitectura como contraste entre lo nuevo y lo viejo. Obviamente la periodización histórica siempre es una simplificación y por mucho que queramos establecer fechas o hitos las etapas se superponen y tienen su complejidad temporal y geográfica. Por ejemplo, en Inglaterra el gótico se extiende hasta bien entrado el siglo XVI, habiendo muy poca penetración de las ideas renacentistas que en todo caso se centran en la literatura y la música más que en las artes plásticas.

Pero aun habiendo salvedades, la periodización es una herramienta enormemente útil para el estudio y aprendizaje del contexto histórico de la historia del arte. Lo que en este texto nos ocupa es el postmodernismo arquitectónico, quizás uno de los mejores ejemplos recientes de este “parricidio” artístico.

Charles Jencks, uno de sus padres, proclamaba la muerte del Movimiento Moderno en 1977 en su libro “Language of Post Modern Architecture”:

“Modern architecture died in St.Louis, Mossouri, on July 15, 1972, at 3:32pm […]” [2]

En una especie de “Dios ha muerto” Jencks daba por muerto al estilo arquitectónico imperante desde principios del siglo XX y fechaba el óbito en el momento exacto en que es demolido el último bloque del complejo residencial Pruitt Igoe de San Luis. A pesar de que el fracaso del Pruitt Igoe y otros edificios modernos como Quarry Hill (Demolido en 1978) o Ronan Point (Parcialmente derruido tras una explosión de gas en 1969) [3] no fue a causa de la arquitectura moderna en sí sino debido otras cuestiones de orden social, político o económico [4], lo cierto es que la arquitectura moderna languidecía desde mediados de siglo falta de ideas nuevas y de su antaño espíritu revolucionario.

Los transeúntes miran con pánico cómo se derrumba toda la esquina del Ronan Point, tras una explosión de gas, 1968.
La “Ville Radieuse” de Le Corbusier, 1924.

El último CIAM se celebró en 1959 dadas las discrepancias irresolubles de algunos de sus integrantes (Le Corbusier había abandonado el grupo en 1955). El Movimiento Moderno, que surgió en los años 20′ de la mano de otras corrientes como “Die Stijl” o las vanguardias, y que proponía una arquitectura pura y desprovista de ornamentos, se había transformado a partir de la segunda mitad de siglo en todo lo contrario a lo que había defendido en su día, sin propuestas nuevas y sin haber conseguido solucionar los problemas de la sociedad post-industrial. Las críticas hacia sus ideales y obras comenzaban a aflorar [5] [6].

Los altos bloques de viviendas de hormigón que en su día habían servido para realojar a los ciudadanos que perdieron sus casas en la Segunda Guerra Mundial ahora eran cajas grises e insalubres en las que nadie quería vivir. El urbanismo moderno que había servido para higienizar la ciudad y dar paso a la circulación rodada había dado como resultado unas ciudades muy difíciles de vivir para el peatón (Caso de ciudades ex-novo que seguían los postulados de la Carta de Atenas como Brasilia o Chandigarh). El Movimiento Moderno como se había entendido hasta entonces daba sus últimos coletazos, y su principal error había sido pensar que los profundos problemas de la sociedad podían arreglarse tan sólo a través del diseño [6].

Planificación de Chandigarh (India) de Le Corbusier, años 50.
Planificación de Brasilia, con su reconocible planta con forma de avión, proyectada por Lucio Costa y Óscar Niemeyer, 1956-1960.

El movimiento comenzó a llamarse Estilo Internacional tras la exposición en el MoMA dirigida por Philip Johnson en 1932, “The International Style: Architecture Since 1922”. Philip Johnson es una figura interesantísima para el tema que nos ocupa. Vivió 98 años (1906-2005) y dos de sus edificios son perfectos referentes tanto del Movimiento Moderno, como del Postmodernismo. El primero, casi una mímesis de la Casa Farnsworth de Mies, la Glass House, que sería su vivienda desde 1949. Y la segunda, el AT&T Building de 1984, un edificio de oficinas en pleno Manhattan rematado con un frontón neoclásico partido y un colosal arco de medio punto como entrada.

Judith Grinberg en una entrevista con el novelista Edward Docx relata así el revuelo armado por el diseño:

“They hated it. There were people fighting each other in the pages of the press: aggressive, personal, vindictive, often nothing to do with architecture. Some people petitioned. Others denounced us. A lot of people attacked the authorities that had allowed construction… it went on and on.” [7]

Dibujo de Leon Krier.
El lenguaje arquitectónico contra el tartamudeo arquitectónico, según Leon Krier.

Charles Jencks y Leon Krier se ocuparon de denunciar los errores fundamentales del Movimiento Moderno. Cargan contra él por haber eliminado todo vestigio de lenguaje arquitectónico. Leon Krier lo define como un “tartamudeo arquitectónico” en una de sus geniales ilustraciones. Una arquitectura sin referencias. Un arquitectura que también criticarían Venturi y Brown en su “Learning from Vegas”, obra llena de elogios al simbolismo, los carteles y la teatralidad en la arquitectura comercial de Las Vegas; “less is a bore”, que dirían, en contra del “less is more”. El simbolismo imbricado en el propio edificio, propio de la arquitectura moderna, encuentra uno de sus mejores ejemplos en el “Big Duck”, un edificio de Long Island construído en 1931 para vender patos y huevos de pato, con forma de… pato. Para Venturi los edificios modernos eran patos. Lo que defienden él y Brown en el libro es la metáfora, el juego y las contradicciones que pueden generar los “tinglados decorados” (decorated shed) en el que la forma se desprende de la función (típico de hoteles, casinos y tiendas de Las Vegas).

El Big Duck de Long Island.
Dibujo de Robert Venturi en su “Learning from Vegas”.

En 1980 se celebra la primera Bienal de Venecia de Arquitectura (hasta entonces la arquitectura no estaba incluída) dirigida por Paolo Portoghesi bajo el título “La Presencia del Pasado”. La obra principal de la exposición fue la llamada Strada Novissima en la que participarían arquitectos como Aldo Rossi, Robert Venturi, Koolhaas, Ricardo Boffil, Frank Ghery o Leon Krier, entre otros. Una avenida de atrezzo en la que edificios llenos de referencias a arquitecturas pasadas se erigían a cada lado. Columnas salomónicas o fajadas, frontones, arcos de medio punto o huecos termales adornados con bustos ejecutado todo ello con un sorprendente colorido [8].

Fachada de Hans Hollein para la Strada Novissima, 1980.
Fachada de Rem Koolhas para la Strada Novissima, 1980.

Sin embargo, y esto lo reconoce también Charles Jencks, el postmodernismo es difícil de clasificar dada la amplitud de sus expresiones:

“There are many misunderstandings concerning Post-Modernism no doubt caused by the success of the term, and its various, indeed erratic, usage […] They imagine that anything that is playful, strange, more Modern than Modern, is Post-Modern.” [9]

La Muralla Roja de Ricardo Bofill en Calpe, 1972 (© RBTA)
El Walden 7 de Ricardo Bofill en Barcelona, 1975 (© RBTA)

Por un lado, los teóricos del movimiento como Krier o Venturi critican la pérdida de lazos con el pasado y lo vernáculo del Movimiento Moderno, y sin embargo La Piazza d’Italia de Charles Moore (1978) en Nueva Orleans u otras obras del postmodernismo no es que destaquen por sus referencias a la tradición o arquitectura vernáculas americanas. Pero sí destacan otros de los planteamientos del postmodernismo: la deformación del pasado, el juego con los elementos clásicos hasta límites insospechados (capiteles de acero inoxidable pulido y policromía exhuberante), la sátira y la ironía. Juegos, todos ellos, que el Movimiento Moderno en su planteamiento racionalista y funcionalista no se podría haber permitido nunca.

La Piazza d’Italia de Nueva Orleans, proyecto de Charles Moore, 1978 (©Joel Mann)
La Casa Vana Venturi, diseñada por el arquitecto para su madre en 1962.

El Postmodernismo, en ese intento por luchar contra la cultura capitalista y burguesa en la que se había convertido el Movimiento Moderno encuentra en las artes plásticas una suerte de segunda ola avant-garde o neo avant-garde cuyos exponentes más conocidos son Andy Warhol (Gran amigo de Philip Johnson, por cierto) y el Pop Art: la apropiación y puesta en valor de elementos cotidianos y llanos, la repetición, el fetichismo. Un revival del espíritu más primigenio de las vanguardias, como fue “La Fuente” de 1917 de Marcel Duchamp. Las cerámicas de Betty Woodman [7], o los diseños de Alessandro Medini y el Memphis Group son otros ejemplos.

Johnson (sentado) y Warhol (de pie), en la Glass House, 1964 (©David MacCabe)
La icónica estantería Carlton de Ettore Sottsass, puede adquirirse por 13145,50€, 1981.

Este último será el director de la revista Domus desde 1978. Justo un año después se celebraría la Bienal y la revista recogería varios textos de Jencks, Kenneth Frampton o Vincent Scully. En dicha entrevista ya mencionada arriba, Jencks también explica que si hay algo que une a los post-modernos es el uso de un “doble-código” en pos de generar ironía:

“[…] they “double-code” their buildings. They all are partly Modern (because of the tradition from which they depart) and partly Other.” [9]

Puede que hoy en día algunas obras de la arquitectura Postmoderna nos parezcan descabelladas y caprichosas. En sus inicios no todo fue fachada y color. El movimiento en nos dejó varias enseñanzas importantes. La primera, que atender sólo a cuestiones funcionales y tratar al edificio y sus habitantes como máquinas perfectamente predictibles no bastaban para crear buena arquitectura. La segunda, que la crítica y conocimiento del pasado son condiciones necesarias (y no suficientes) para crear algo nuevo y con interés, y que no siempre deshacerse de todo lo anterior da por ello un resultado positivo. Puso sobre la mesa un debate más que necesario de la arquitectura Moderna que podía llegar a ser repetitiva, ubicua y prepotente.

El Team Disney Building, edificio que completó la sede de Disney en Burbank, proyectado por Michael Graves en 1991.
El PPG Building de Philip Johnson en Pittsburgh, cuyo perfil imita al de un castillo medieval, 1981.

“With Modern, we stood in front of a blank canvas that seemed to clear away our past regressions, and promised a future of precision and clarity. Modern was singular and lovely, like silence.

[…] But, let’s face it… Modern was just an asshole.”  [5]

El Postmodernismo se iría convirtiendo en un hijo malcriado lentamente, pero en su momento de mayor lucidez tuvo el valor de mirar a la cara al Movimiento Moderno y contradecirlo, poniendo en entredicho su hegemonía.

Nota 1: “Modernism” en inglés se refiere al Movimiento Moderno o Estilo Internacional desarrollado a lo largo de todo el siglo XX. No debe confundirse con Modernismo)en castellano) que se refiere a la vanguardia de finales del XIX y principios del XX.

Nota 2: Gran parte del trabajo de Venturi, que en 1991 ganó el Premio Pritzker en solitario, fue realizado en compañía de su mujer Denise Scott Brown.

[1] HAL, Foster et al. “The Anti-Aesthetic Essays on Postmodern Culture” 1983, Postmodern: A Preface p. 9-10.

[2] JENCKS, Charles “Language of Post-Modern Architecture”, 1977

[3] VERLAAN, Time “The Downfall of British Modernist Architecture” Failed Architecture, 2011

[4] MULHIVILL, Daryl “Documenting the Myths of Modernism” Failed Architecture, 2013

[5] BROWN, Jody “The Death of Modern” CoffeeWithAnArchitect, 2011

[6] ROWE A., Hayley “The Rise and Fall of Modernist Architecture”, 2011

[7] DOCX, Edward “Postmodernism is Dead” Revista Prospect, 2011

[8] HERNÁNDEZ GÁLVEZ, Alejandro “La Última Bienal”, Arquine No.68, 2014.

[9] JENCKS, Charles “The Presence of the Past” Revista Domus No.610, 1980

Publicado por Gonzalo Pizzorno

Graduado en arquitectura por la UPM. Trabajo en consultoría inmobiliaria y mis intereses mezclan el urbanismo y las finanzas. Intentando escuchar entre tanto ruido.

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