Sobre distancias y normalidades

En estos ajetreados tiempos de cuarentenas, confinamientos, fases y restricciones han aparecido algunas expresiones novedosas que chirrían, quizá, al principio, como “distanciamiento social” y “nueva normalidad”. Son ideas que han surgido a raíz de la COVID-19. El primero suena un tanto extraño, aunque ahora ya no, claro, estamos más que acostumbrados a él. Pero cuando surgió por primera vez nos producía una incómoda sensación: ¿distanciamiento? Y yo me preguntaba –y aún lo sigo haciendo–: ¿no sería más correcto decir distancia? Sí, distancia social.

Distanciamiento tiene dos posibles significados, según el Diccionario de la Lengua Española. Por un lado, ‘Acción y efecto de distanciar o distanciarse’ y por otro, ‘Recurso que consiste en distanciar al espectador de la acción para que pueda adoptar una actitud cognoscitiva y crítica’, aplicado este último a los ámbitos cinematográfico y teatral. Nos interesa, pues, el primero. Sin embargo, no nos da pistas concretas de a qué se refiere. Por ello, buscamos en el mismo diccionario el verbo distanciar: ‘Separar, apartar, poner a distancia’ y ‘Desunir o separar moralmente a las personas por desafecto, diferencias de opinión’. De las dos, solo nos vale la primera, pero casi parece que estamos separando objetos o cosas que no deben estar juntas. Da la impresión de que es un verbo frío y neutro que no se debe aplicar a las personas, ya que no se puede separar a las personas de forma absoluta porque, por su naturaleza social, tienen un origen y un objetivo de unión.

Fuente: https://theconversation.com/distancia-social-que-es-y-por-que-es-la-mejor-arma-contra-el-coronavirus-133965

Así, creo que sería mucho más adecuado servirse del término “distancia social”, ya que es un tipo de distancia interpersonal, relacionado directamente con el componente humano y su tratamiento social. Hay varios tipos de distancia interpersonal que suelen depender de cómo sea la situación (formal o informal) y de la cortesía que requiera cada momento. Así, una distancia íntima es la más cercana entre las personas (unos 45 cm); la distancia personal suele darse entre amigos (de 45 cm a 1,20 m); la distancia social –la que nos atañe en este artículo– es la que suele separar a personas desconocidas o que tienen un trato formal (entre 1,2 y 3,5 m); y, finalmente, la distancia pública, que se tiene en contactos superficiales, saludos a distancia, etc., (hasta los 7 m). Con todo ello, defiendo el uso, más adecuada a la situación actual, del concepto “distancia social”.

Por otro lado, la terminología utilizada para diferenciar la “normalidad” anterior a la COVID-19 y la que vamos a acoger después del estado de alarma ha terminado por llamarse “nueva normalidad” o “nueva telenormalidad”. Desde el punto de vista lingüístico, ambos conceptos forman parte de dimensiones separadas, es decir, el primero es contradictorio y general y el segundo –un neologismo– es correcto, pero particular. Vamos con el segundo. Si damos por hecho –que no tiene por qué– que la realidad que nos espera a la vuelta de la desescalada va a ser telemática (prefijo tele-), sí podemos denominarla “nueva  telenormalidad”, pero solo de forma particular, ya que es aplicable exclusivamente al campo laboral, que es el que se convertiría en telemático. Sin embargo, hay que tener en cuenta que no se convertirán todos los trabajos del mundo en telemáticos, por lo que no sería conveniente utilizar dicho término para generalizar en una realidad que no va a ser globalmente telemática.

Fuente: https://elblogdeisabelaranda.wordpress.com/2013/07/07/vision-mi-futuro/

El caso del primer concepto es sencillamente contradictorio, ya que algo que es normal no puede ser nuevo. La normalidad supone una costumbre de lo que ocurre habitualmente, por tanto no es posible que haya novedad en sí misma. Así que “nueva normalidad” es un término que no se utiliza correctamente. Se podrían emplear otras expresiones como “nueva situación social”, “actualidad” o simplemente “normalidad”, ya que entendemos que va a ser especial por las consecuencias del virus, por lo que no hace falta calificarla de “nueva”.

Publicado por Neila Rodríguez

Graduada en Español y máster de Profesorado por la UBU. Correctora ortotipográfica y de estilo. Escritora.

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