Francia ante la conmoción económica post-pandemia

En su publicación The Great Lockdown de abril de 2020, el FMI alertaba sobre la incertidumbre radical que trae consigo la pandemia de Covid-19. Nunca antes se había paralizado artificialmente una economía global e interconectada, y mucho menos se había intentado reiniciar en medio de una pandemia internacional. Tampoco constan en la historia experiencias que den cuenta de las repercusiones materiales de cierres de esta naturaleza y sus secuelas en las cadenas de suministros transoceánicas, y, quizá lo más importante, no existe una forma fiable de anticipar la evolución del comportamiento de empresas y consumidores.

Esta constatación coloca a casi todos los gobiernos ante una encrucijada sin precedentes. Y a medida que avanza la reapertura económica en gran parte de Europa, el papel central de Francia en la gobernanza europea exige hacer balance de su situación sociopolítica, y examinar las tendencias que definirán la agenda en los próximos meses.

  1. Francia: contexto pre-Covid

El relato de los tres primeros años del quinquenio Macron es consabido. Tras su elección en mayo de 2017, el Presidente lanzó un ambicioso programa de reformas con el objetivo de abordar los desafíos estructurales de Francia y reforzar la resiliencia económica del país. El gobierno logró aprobar reformas laborales y fiscales destinadas a fomentar la flexibilidad del mercado de trabajo y a ajustar los costes salariales con la productividad. En esta línea, Francia venia posicionándose en lo más alto de algunos de los rankings de competitividad y atracción de inversiones. No obstante, esas transformaciones venían suscitando, desde la irrupción de los chalecos amarillos a finales de 2018, una intensa ola de protestas, exacerbada en diciembre de 2019, una vez dado a conocer el proyecto de reforma del sistema de pensiones.

De esta suerte, la pandemia de Covid-19 aterrizó en la mesa del gobierno francés con una sociedad inmersa en una dinámica de polarización entre los partidarios de la agenda reformadora y los más reacios a cualquier reconfiguración del esquema de protección social. A ello se sumó, desde el inicio del confinamiento y la propagación del virus, un sentimiento generalizado de desamparo, alentado por la escasez de material sanitario y la impotencia productiva ante un abastecimiento muy dependiente del exterior.

  • Cifras de prospectiva

A día de hoy, dejando atrás el aislamiento de los hogares y el consiguiente apagón de gran parte del aparato productivo, ambos sostenidos por el Estado (más de 8 millones de franceses se acogieron al dispositivo de desempleo técnico y se pospuso el cobro de impuestos y cotizaciones de las empresas), conviene detenerse a observar algunos de los indicadores más relevantes para tomar el pulso a las convulsiones políticas latentes.

Según la OCDE, Francia registrará una de las mayores caídas de PIB del mundo. De acuerdo con sus previsiones, publicadas el miércoles 10 de junio, el PIB francés se contraerá entre un 11,4% y un 14,1% en 2020. La Comisión Europea pronosticaba un eventual repunte del 7,4 para 2021. La tasa de desempleo, situada en el 8,5% en el año 2019, crecerá hasta colocarse en el 12,4% en el escenario base (control del virus). Y el déficit público se disparará hasta un hiriente 9,9% (3,0% en 2019). Para el período de confinamiento, el OFCE estima la caída de actividad en un 32%: el solo efecto de ocho semanas de cuarentena representa 120.000 millones menos de PIB. Asimismo, cabe añadir algunos de los pronósticos más pesimistas, que auguran más de 1 millón de desempleados adicionales y unos 100 000 cierres de empresas, el doble que el año pasado.

Desempleo y ahorro de los hogares, Francia 2018-2021

Fuente: OCDE

En cuanto al rebote productivo, disponemos ya de algunos detalles muy significativos: los datos de la red de transmisión de electricidad, referidos al mes de mayo, indican que el consumo de electricidad, a pesar del desconfinamiento, sigue siendo muy inferior al esperado en períodos normales de actividad. Según estimaciones del OFCE, la industria estaría funcionando al 70% de su capacidad anterior a la crisis.

Estimación del Índice de Producción Industrial en Francia, mayo de 2020

Fuente: OFCE, con datos del INSEE

Un giro en la estrategia discursiva

A la luz de estas cifras, la pandemia ha arruinado el relato al que Macron había apostado la reelección. Los dos últimos años se presentaban como el periodo para cosechar los frutos de las reformas emprendidas con anterioridad: reequilibrio de la carga impositiva, refuerzo del tejido industrial competitivo, atracción de inversión tecnológica, impulso a la productividad, simplificación administrativa y modernización del modelo de protección social.

Con las elecciones de mayo 2022 en el horizonte, ante el rebrote de las ideas proteccionistas y el colapso de su proyecto económico, el discurso parece estar girando hacia el polo soberanista y el rol protector del Estado. El resto del mandato tiene visos de convertirse en un gran desafío, máxime porque, en el punto más crítico, Emmanuel Macron prometió reinventarse a sí mismo.

En una carta enviada el 3 de junio al Senado, a la Asamblea Nacional y al Consejo Económico, Social y Medioambiental (CESE), Macron pidió a los presidentes de las tres Asambleas su colaboración activa en la presentación de propuestas para contribuir al diseño de las nuevas líneas directrices. Se trataba de una invitación a construir conjuntamente el final del quinquenio, a dibujar los contornos de la reinvención prometida. En su carta al presidente, el presidente de la Asamblea Nacional presenta un repertorio sugerente de políticas públicas para la modernización de la acción pública, la digitalización, la transición ecológica, o el estado social.

  • Soberanía, ecología y protección social: los tres ejes de fin de mandato

Antes, el 26 de mayo, ya se había constituido una comisión de expertos encargada de formular recomendaciones para afrontar los retos climáticos, demográficos y redistributivos. La comisión trabaja en una batería de medidas orientadas a amortiguar el shock de oferta y a sostener y fomentar el consumo, privilegiando aquellos sectores estratégicos para la independencia nacional. A priori, las palabras del presidente no dejan lugar a dudas: «Delegar nuestra alimentación, nuestra protección, nuestros cuidados es una locura. Debemos retomar el control, construir una Francia y una Europa soberanas que tengan su destino en sus manos». Tras el anuncio de medidas de apoyo al sector automovilístico y aeronáutico, se anunciaron más planes sectoriales, tanto en el turismo como en la cultura, y se esperan otras iniciativas similares.

En segundo lugar, cabría esperar que la transición ecológica juegue un papel determinante, habida cuenta de la conexión que se ha establecido entre la pandemia y la crisis ambiental, la victoria cultural de los ecologistas en las elecciones municipales, y las grandes promesas europeas de Green Deal, considerado un nuevo motor de crecimiento. Acondicionamiento térmico de edificios, modernización de la infraestructura energética y de transporte, digitalización de redes, inversión en generación renovable… Estos son algunos de los vectores de desarrollo que se busca potenciar. A este respecto, el ejecutivo, ha anunciado que hará suyas la mayoría de propuestas presentadas por la convención ciudadana sobre el clima, constituida en octubre. Además, cuenta con la ya mencionada recopilación de propuestas del presidente de la Asamblea Nacional, que ofrece pautas de reflexión muy prometedoras en lo que refiere, en particular, a la ecología. A modo de ejemplo, la AN abre el debate sobre la ineficacia de los dispositivos de asistencia a la renovación térmica y señala sus obstáculos: desconsideración y descuido de los costes energéticos por parte de las empresas, rigidez administrativa en las solicitudes que desincentiva a los particulares, categorización bancaria de los préstamos como préstamos al consumo, necesaria revisión del modelo de negocio de los fabricantes de aislantes (pasar de “vender materiales” a “prestar servicios de ahorro energético”), etc.

El tercer eje sobre el que pivotará el fin del mandato será, según el Gobierno, el de la lucha frente a las desigualdades. Reconocida desde el Elíseo, se ha evidenciado la gran utilidad social de ciertas profesiones, que no siempre se corresponde con su valor de mercado. Médicos, enfermeros, transportistas, basureros, todos esperan una revalorización salarial tras estos meses. El pretendido viraje ideológico se ha hecho especialmente notar en la cuestión sanitaria, pasando de una defensa acérrima de la estabilidad presupuestaria a prometer abundante financiación. De igual modo, el confinamiento ha puesto sobre la mesa la urgente necesidad de colmar la brecha tecnológica: un informe del Insee de octubre de 2019, citado en la carta de Richard Ferrand, lanza un dato espeluznante: un 15% de los franceses mayores de 15 años no utilizó internet en todo el año. El analfabetismo electrónico afecta al 17% de la población, y un francés de cada 5 es incapaz de comunicar vía internet. Por último, en relación a la reforma de las pensiones, ha quedado suspendida sine die, y su tramitación parlamentaria está más que descartada en esta legislatura.

Descontando campañas y vacaciones, quedan menos de 15 meses de trabajo legislativo realmente útil. Con una remodelación ministerial en curso y a la espera del discurso del 14 de julio, todas las miradas apuntan hoy al Palacio del Elíseo, que concentra sus esfuerzos en recabar ideas y en la promoción de un clima político de reconstrucción nacional inspirado en la experiencia del General de Gaulle.

  • Dotar de sentido histórico a las grandes proclamas

Como es notorio, el pueblo francés otorga una importancia preponderante a las cuestiones de grandeur y soberanía económica. Parte del electorado aún arrastra la herida del abandono de un rasgo otrora idiosincrásico, no solo para la identidad de la izquierda francesa, sino también para sus adversarios gaullistas: un fuerte intervencionismo estatal en empresas y sectores estratégicos, en el que convivían planificación socialdemócrata y chauvinismo. Otros muchos acontecimientos revelan la tendencia estatista de la sociedad gala, pero ninguno lo hace tan bien como el referéndum de 2005 sobre la Constitución para Europa. Y de entre los proyectos políticos de principios de siglo, el de Jospin aparece quizá como el más ambicioso de toda Europa en su oposición frontal a la mercantilización de la totalidad de ámbitos de la vida. Un claro ejemplo de su apuesta por las relaciones laborales à la française fue la conquista social que el propio candidato señaló como faro programático en el 97: la semana laboral de 35 horas.

Con este trasfondo ideológico y un cúmulo de decepciones a sus espaldas, la opinión pública deberá decidir, en pocos meses, si confía en el giro soberanista de quien se presentó como implacable reformador. No olvidemos que el lema central de su campaña, “la República en Marcha” encarnaba, entre otras cosas, la transformación en clave globalista llamada a embarcar a Francia en la transición económica mundial en curso: auge de los países emergentes, metamorfosis digital de los modelos de negocio, interdependencia en las cadenas de suministros, y peso creciente de los servicios en el comercio internacional.

Su discurso del 14 de junio estuvo repleto de grandes principios enunciados sin demasiada concreción y, para la oposición, todo apunta a una enésima estrategia de rebranding comunicativo. Desde académicos como Thomas Piketty hasta la propia Marine Le Pen (vencedora, recordémoslo, en las últimas elecciones europeas), pasando por los líderes de la Francia Insumisa, Adrien Quatennens y François Ruffin, o el exministro Arnaud Montebourg, todos coinciden en la vacuidad del discurso macronista. Recalcan que, tres meses y medio después del inicio de la crisis, no se ha desvelado un calendario de acción preciso y no hay cantidades considerables sobre la mesa que permitan anticipar una reactivación consecuente y un impulso al sistema productivo. Ni una sola referencia a la inversión en educación, nada sobre las famosas relocalizaciones. ¿Es realista proclamar una transición productiva hacia la alta gama reduciendo el gasto por estudiante en enseñanza superior?

Muchos franceses consideran que la movilización de 500.000 millones de la que alardea Macron para extraer un balance positivo de su gestión no es tal (las garantías de préstamo, por ejemplo, no implican gasto presupuestario), del mismo modo que no conciben el acuerdo franco-alemán como un hito histórico en el proceso de integración europea. El Plan de Recuperación resultante propuesto por la Comisión se extendería sobre los próximos cuatro años y el refuerzo presupuestario se implementaría durante los siete ejercicios del MFF. Entienden, por tanto, que el porcentaje anual de gasto/PIB inyectado en la economía tendría un impacto muy inferior al pretendido por las autoridades comunitarias y nacionales.

  • En la cuerda floja, ¿con paso firme?: la (in)determinación macronista ante los riesgos de la crisis

Alrededor de 700.000 jóvenes encaran una entrada problemática en el mercado laboral en septiembre y hay quien ya ha empezado a hablar de “generación sacrificada”. Aún es pronto para anticipar las consecuencias políticas de esta situación de crisis, pero los jóvenes se verán afectados, en mayor o menor medida, por una reducción de ingresos y por escollos añadidos en su camino a la inserción profesional y el acceso a vivienda. Los que viven en barrios “sensibles” se verán especialmente perjudicados, avivando el fuego de las tensiones culturales, siempre presentes en las banlieues. Y aunque gran parte de la juventud, aun sensible a la injusticia, está poco politizada, otra parte de los jóvenes lleva tiempo radicalizada, y ha emergido una conciencia generacional en torno a la disputa por sus condiciones de vida. Por otra parte, este asunto puede verse agravado por las relaciones conflictivas entre juventud y policía.

Si persiste la insatisfacción e invisibilización de ciertos colectivos y sus expectativas, podría acabar cristalizando en una alianza sobrevenida entre el movimiento sindical, la Francia desclasada de los gilets jaunes, las protestas de sanitarios, la juventud cualificada y los grupos afro-descendientes de las zonas periurbanas. Así, Macron se encontraría con una oleada de hostilidad y contestación social incontenible. Por si fuera poco, asistimos a una reagrupación transversal de la intelectualidad soberanista, que podría terminar de reestructurar los clivajes identitarios y añadir confusión al debate público.

Aunque todos prevén hoy una segunda vuelta Macron-Le Pen, que dejaría al líder LREM a las puertas de un segundo mandato en 2022, sabemos que Francia puede ser testigo de todo tipo de agitaciones en los dos años anteriores a la elección. Si nos basásemos en las profecías de las últimas décadas, parte del siglo XXI habría estado presidida por Lionel Jospin, Dominique Strauss-Kahn o Alain Juppé… En este sentido, el resultado de las municipales del domingo 28, con victoria ecologista en las grandes ciudades, puede resultar paradigmático para el tipo de elementos imprevisibles que irrumpen con fuerza y dan lugar a nuevas candidaturas.  

Intención de voto en la 1ª vuelta de la elección presidencial de 2022, junio 2020

Fuente: Ifop-Fiducial

Pese al estrecho margen fiscal, el Presidente deberá concretar sus propuestas, dedicar muchos más recursos a protección medioambiental, salud, educación y políticas de igualdad, y ganarse a los jóvenes con un plan integral de acompañamiento e inserción profesional. Pero el reto principal del presidente será mejorar su comunicación y credibilidad, y renovar el entendimiento con la ciudadanía que ha caracterizado a los presidentes franceses de éxito. Para resultar creíble, la asignación de carteras ministeriales a personas de perfil comprometido tendrá una importancia decisiva. En el país con mayor presión impositiva del mundo, la reconstrucción pasa también por emprender una reforma fiscal progresiva de calado, deshaciendo las medidas que le ganaron el apodo de ”presidente de los ricos”. En resumen, Francia no puede permitirse una nueva avalancha de frustración que no haría sino recrudecer la conflictividad de estos últimos años y alimentar un pesimismo ya de por sí delicado. Los problemas económicos acentuados por esta crisis – desigualdad, exclusión, inseguridad, polarización laboral, fractura generacional y territorial – ya se habían convertido en estructurales y requerían recursos ingentes. Pero una coyuntura de estas características obliga a movilizar cantidades de dinero nunca antes dispuestas. Hay toda una generación en juego.

Publicado por Víctor Ruiz

Jurista y politólogo, egresado del Doble Grado en Derecho y Ciencia Política por la UAM, Víctor Ruiz fue becario de excelencia de la Comisión Europea (Gabinete de Miguel Arias Cañete) y actualmente trabaja como asesor en la Embajada de Argentina en París.

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