¿Pinturas de arte o de propaganda?

Hace algunos años, mi amiga me trajo una tarjeta postal de su viaje por Corea del Norte. La tarjeta mostraba a un soldado bañado en una luz con su mirada fija en la distancia, mientras que su brazo derecho sostenía un arma en el aire. Sobre el soldado estaba escrito el siguiente mensaje: “¡La protección de nuestro Líder Supremo es nuestra vida!”

Asumí que todo el arte norcoreano sería igual al reflejado en la tarjeta postal, pero del tamaño de un póster. Esta suposición fue desafiada cuando mi amiga y yo recorrimos la exposición individual de Kim In Sok en el Museo de Arte Mansundae en Beijing, China, uno de los pocos lugares en todo el mundo que muestra rutinariamente arte norcoreano.

Entramos a la galería y vimos en la pared un anuncio que decía: “No se permiten fotos.” Otro visitante no vio el anuncio y sacó su celular para grabar su experiencia. La asistente de la tienda de regalos y la recepcionista le llamaron rápidamente la atención y tomaron su celular para borrar sus fotos. ¿Qué más podía esperar? Después de todo, Corea del Norte cuida mucho de su imagen y probablemente dio órdenes de limitar la cantidad de información presentada al público. Este incidente confirmó mi sospecha de que estaba a punto de ver nada más que propaganda. Mi amiga y yo pasamos, dejamos atrás la galería y fuimos directamente a ver la exposición.

Para nuestra sorpresa, en lugar de pósteres de propaganda, había un retrato de una joven vestida con un “choson-ot” rosa claro, el vestido tradicional de Corea del Norte. Su cara saludable estaba mirando hacia el tambor que sostenía con las manos. Después, había una niña robusta que vestía una blusa roja, con sus manos entrelazadas presionadas contra sus ojos sonrientes. Una de las piezas más grandes mostraba a los niños mirando hacia el cielo, como si alguien los estuviera viendo desde arriba. Estaban sonriendo, mostrando sus dientes blancos y pequeños y sus ojos brillantes.

Algunos de los cuadros estaban más cerca de lo que había anticipado, pero aun así no fueron descaradamente propagandizados. Un cuadro presentaba a un soldado con un papel en la mano mirando hacia el cielo. Estaba rodeado de escombros, pero aun así la bandera norcoreana estaba firme detrás de él. Otra pintura superpuso varias caras una encima de la otra; podía distinguir la cara de un minero, una mujer, un niño y un hombre mayor.

La mayor atracción de la exposición fue el panorama creado por un grupo reunido bajo el techo de la parada de autobuses. Otras personas pasaban caminando con sus paraguas para evitar la lluvia. Algunas de esas personas hablaban con sus celulares o entre ellos. El resto miraban a los lados y al frente. El sujeto central era una mujer con un paraguas cerrado en la mano, con la mirada fijada en el cielo.

Salimos poco después de reflexionar sobre la atmósfera que nos había envuelto. Unas semanas después, regresé a la exhibición yo sola, pensando que si pasaba más tiempo con los cuadros iba a encontrarles un sentido. ¿Quién era la mujer con el vestido tradicional, que tocaba el tambor? ¿Cómo era el día a día de los niños sonrientes? ¿El minero y el anciano tenían conocimiento del mundo fuera de su propio país? ¿La niña con la blusa roja, se atrevería alguna vez a vivir su propia aventura? ¿La gente del panorama era realmente feliz y tenían esperanza del futuro? Y, lo más importante, ¿los sujetos de estos cuadros eran gente real?

La exposición solo estaba disponible en los idiomas mandarín y coreano, dos de los idiomas que estoy aprendiendo en la actualidad, así que sólo pude suponer. Dejé la exposición por segunda vez embriagada de recuerdos y preguntas.

Cuando mi amiga surcoreana vino a visitarme, la llevé a ver la exposición. Al igual que yo, no pudo entender las obras con certeza. Lo que pudo hacer, sin embargo, fue traducir los títulos. El cuadro de los niños mirando hacia el cielo, que me llegó a gustar, tomó la connotación de propagada cuando entendí lo que el título decía: “Los Huérfanos Agradecen a Su Amable Líder, Kim Jong Un.” (Cabe destacar que no ha sido posible corroborar este título porque no hay información en internet.)

En el cuadro “Lluvia en la Parada del Bus”, mi amiga dijo que el anuncio en la cartelera decía: “Con el espíritu y la determinación que conquistó el universo.” El nombre del cuadro del soldado parado entre las ruinas era, “Aplicación para convertirse en miembro del partido.”

Cuando fui por tercera vez, estaba planeando verificar la nueva información y esperaba regresar por lo menos una vez más antes de que la exposición fuera cerrada en febrero.

Nunca pude regresar por causa del COVID-19, pero mi curiosidad sobre el artista y su trabajo aún permanecía. Sin embargo, fue casi imposible encontrar información sustancial sobre él y lo poco que encontré ya lo sabía: Kim In Sok es un artista norcoreano. Mi amiga surcoreana investigó su nombre en la red de su país y no encontró absolutamente nada. Puse mi red privada virtual en Corea del Sur también y recibí la misma respuesta.

El tablón en mandarín que mi amiga fotografió (fijaos en la indicacion de “No photos” justo a su lado). Practicamente nada de la información del tablón puede ser encontrada online.

Luego supe que mi amiga, con la que visité la exposición por primera vez, había tomado una foto de la placa en mandarín que delineó la biografía del artista. Recién ahí, me di cuenta de que ella no obedeció la regla de no sacar fotos.

Con esta placa, me enteré de que Kim In Sok nació el 24 de abril de 1969 en Pyongyang, la capital de Corea del Norte y hogar de muchos de sus privilegiados. Como hijo mayor del famoso pintor norcoreano Kim Ko Joo, las “palabras y hechos” de su padre aseguraron que estudiaría en la mejor universidad de bellas artes del país. En 1982, Kim In Sok se matriculó en el Departamento de Educación Básica de la Universidad de Bellas Artes de Pyongyang, y en 1990 completó el programa de pintura norcoreana en la Universidad Integral de Bellas Artes de Pyongyang.

En las décadas siguientes, viajó por Corea del Norte y China, el Reino Unido, Rusia, Uzbekistán y Namibia para crear más de 40 obras de arte. Trece de estas obras han sido clasificadas como tesoros nacionales y tres han ganado el primer premio en la Exposición Nacional de Arte de Corea. Actualmente es uno de los pintores y miembros más prominentes del Estudio de Arte Mansudae, que se encarga de crear y promover la mayor parte del arte de Corea del Norte.

Su estilo de pintura se llama chosonhwa, que literalmente se traduce como “pintura norcoreana.” Según Muhn Bum Gang, un artista y profesor coreano-estadounidense que  investigó exhaustivamente aquel estilo en su libro North Korean Art: The Enigmatic World of Chosonhwa, chosonhwa es una pintura de tinta pintada sobre papel de morera o seda. Mientras que los países vecinos tienen sus propias versiones de este estilo de pintura – “hankukhwa” en Corea del Sur, “zhongguóhua” en China, y “nihonga” en Japón – el estilo de Corea del Norte sigue siendo distinto por su continuo dominio de la principal escena artística de su país.

A diferencia de las pinturas tradicionales de otras culturas del este de Asia, chosonhwa es conocido por su estilo hiperrealista, algo a lo que Muhn se refiere como los efectos “sin hueso” y “3D”. La pintura de huérfanos de Kim In Sok, por ejemplo, mezclaba la pintura tan perfectamente que sólo cuando me incliné y vi las manchas antinaturales verdes y naranjas en las mejillas y los dientes de los niños, me di cuenta de que había sido pintada.

Muhn argumentó en una entrevista con NK News que chosonhwa, aunque sea realista, no está destinado a resaltar “el realismo de una escena”. Más bien, está destinado a “mostrar la realidad expresando la sutileza de la emoción interior de una persona.”

Parece entonces que el trabajo de Kim In Sok, y chosonhwa en general, dan prioridad a las representaciones emocionales sobre las circunstancias reales de aquellos en Corea del Norte. Muhn incluso reveló en su libro que la obra maestra de Kim In Sok, “Lluvia en la Parada del Bus” requirió que él trabajara “en la selección y colocación de sus temas en la composición.”

Lo que Muhn está diciendo, es que los sujetos y la escena no son reales. Esto generalmente da lugar a que el artista exprese su propia visión. Sin embargo, como el gobierno es dueño del estudio de arte en el que Kim In Sok trabaja, esto sugiere que es realmente la visión del gobierno.

Las frases no tan sutiles de “Los huérfanos agradecen a su amable líder, Kim Jong Un,” y “Con el espíritu y la determinación que conquistó el universo” pintada en el fondo de “Lluvia en la Parada del Bus” sólo enfatizan la influencia del gobierno.

Aun así, Muhn insistió en su libro que chosonhwa no es sólo propaganda. Llamarlo como tal y dejarlo así excluiría la “única historia y el contexto cultural del arte y su profundidad.”

Después de varias visitas a la exposición, puedo estar parcialmente de acuerdo con Muhn. Las obras de Kim In Sok no eran obviamente propaganda, como la tarjeta postal que mi amiga trajo hace años. Los cuadros que vi mostraban rasgos culturales únicos, aunque inventados, de los norcoreanos a través de su vestimenta, actividad y medio ambiente.

Sin embargo, las pinturas también hablaban del país a través de lo que no mostraban. En cada pintura, cada sujeto parece robusto y saludable. Esto no encuadra con la realidad de un país donde aproximadamente el 40% de la población sufre de malnutrición extrema según el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas.

Cada sujeto tenía también dientes perfectos, lo que es de nuevo difícil de imaginar cuando corresponsales de Asia como Blaine Harden informaron que muchos desertores norcoreanos “tienen graves problemas dentales resultado de la desnutrición y la falta de calcio en sus dietas.” Además, la mitad del presupuesto médico para los Centros de Apoyo a Asentamientos de Corea del Sur para desertores norcoreanos se gasta en prótesis dentales.

Seguramente Kim In Sok, un hombre cuyo talento y profesión le permitió ver más allá del mundo presente que un típico ciudadano norcoreano, se habría dado cuenta de los aspectos idealistas e irreales de su trabajo. Tal vez lo sabía, pero no era libre de representar con precisión todo. Tal vez esto, más que nada, dice mucho sobre el estado de Corea del Norte.

Una fotografía sacada en la entrada de la galería antes de que supiéramos que las fotos no estaban permitidas.

Publicado por Victoria Erdel García

Se graduó de Sociología en la Universidad de Notre Dame. Estudia Mandarín y Coreano. Actualmente está trabajando en una empresa social que combate la trata de personas.

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