Frida Kahlo, La Revolución Mexicana y Un Día Sin Mujeres: La Batalla detrás de la Pintura

La identidad de un país se redescubre y define constantemente, especialmente durante las revoluciones. El poder del gobierno, o un percibido mal, crece y el pueblo grita en frustración. Hoy en día, y durante la Revolución Mexicana (1910-1930), se ve esa desesperación de la gente y la atemporalidad de los movimientos sociales. Analizando el arte y el mensaje de Frida Kahlo sobre los temas de “la mexicanidad” y el rol de la mujer, se puede entender que México eleve, por fin, las exigencias en su defensa de la dignidad humana y, sobre todo, de las mujeres.

Durante la Revolución Mexicana, los artistas fueron apoyados por el gobierno en sus representaciones de “la mexicanidad,” es decir, la esencia de ser mexicano o mexicana. México como país habían acogido el “Orden y Progreso” del Porfiriato (1876-1910), en donde Porfirio Díaz empoderó al gobierno en la causa de la modernización. Porfirio y su oligarquía de científicos empaparon la cultura mexicana con un énfasis marcado por lo europeo-occidental. Esto y el Darwinismo social, la noción de que la gente indígena es un problema, supuso demasiado para el pueblo mexicano, y terminó con un rechazo absoluto de estas ideas. Como resultado de esta política, el gobierno impulsó la cultura, las humanidades, y el arte. En este clima revolucionario, fueron los artistas, como Frida Kahlo, quienes formaron la nueva imagen de “la mexicanidad,” alejándola del discurso de represión contra las clases humildes que dominaba durante el Porfiriato.

Entre las ramas de movimientos y referentes que protagonizaron y lideraron la Revolución Mexicana, hay que destacar a Frida Kahlo, la artista, que luchó por las mujeres, los indígenas, los empobrecidos, el comunismo, y la revolución. La Revolución Mexicana no fue un solo movimiento político, sino muchos en distintos ámbitos al mismo tiempo, y el arte de Frida manifiesta esa realidad. Frida y sus contemporáneos, como José Guadalupe Posada y Diego Rivera, formaron una idea de “la mexicanidad” muy parecida, en donde apoyaban el movimiento indígena, pero lo hacían a través de mensajes y medios distintos. El recurso utilizado por Frida fueron las pinturas pequeñas en escala, pero muy detalladas. No se limitó a lo que hacían los demás, trabajaba con símbolos aztecas, católicos, hindús, de orígenes mitológicos, y sobre todo pintaba autorretratos en abundancia. Estos autorretratos tan famosos dejan ver rasgos muy íntimos, emocionales, y reveladores, a tal punto que Frida incluso confiesa “pintar mi propia realidad.”

Frida usaba ropa tradicional y estaba orgullosa de su patrimonio como mexicana, sin embargo, fue su postura revolucionaria sobre la posición de las mujeres en la sociedad, la que la distingue de sus contemporáneos. Frida superó las expectativas y la designación sociocultural de la mujer, al igual que la definición prevalente de belleza. Exageraba su ceja gruesa y mostacho en sus pinturas y a menudo se vestía con atuendos propios de los hombres. Específicamente, en Yo y Mi Muñeca (1937), Frida se pinta en un banco junto a una muñeca y con un cigarrillo en mano. De frente y sin tibiezas, Frida critica el tradicional cuidado de los niños, al fumar enfrente de la muñeca. “La mexicanidad” entonces no es solo para la gente indígena de México, sino que también va dirigida a construir la versión mexicana de una nueva mujer. Además, Frida recalcó y apoyó a las soldaderas, mujeres que participaron en la Revolución Mexicana, al representarlas en su pintura Pancho Villa y Adelita. En la historia de la Revolución Mexicana, Frida pintó a las mujeres de una manera en la que nunca antes se habían visto representadas.

Frida no le daba al gobierno las imágenes estereotípicas que le pedían a Diego en su arte, ni se preocupaba por escoger un solo movimiento político, siguió el camino propio de “la mexicanidad” para resaltar la voz de los subrepresentados dentro del ruido de una revolución.

El trabajo de Frida se volvió popular solo después de su muerte, lo cual sugiere un prolífico logro. Aunque su ideología fue cultivada por la Revolución Mexicana, sus ideas sobre la Revolución son más grandes que cualquier mural. Lo supo antes que los demás, o, al menos, lo comunicó de una forma más efectiva, transcendiendo el tiempo. Intuyó que México tenía mucho camino por recorrer, que los cambios no cesaban después de una sola revolución, sino que seguían. Ella siguió insistiendo.

El 9 de marzo de este año, hubo en México un paro de veinticuatro horas, Un Día Sin Mujeres, en donde una alianza feminista organizó el paro para exigir mayor importancia a los derechos de las mujeres en México, y también para protestar contra la violencia de género, la desigualdad y la cultura del machismo. Por un día, las mujeres y niñas de México no participaron, se quedaron en casa, tanto en el sector público como en el privado. Al igual que en la Revolución Mexicana, se ve que el movimiento recibió apoyo de varias clases y razas. A través de la fuerza del movimiento #MeToo en la región y del espíritu revolucionario de México, se siente la insistencia de un cambio drástico en el país, surgido de la boca del pueblo. Las protestas se volvieron violentas incluso, rompiendo ventanas y pintando eslóganes feministas en monumentos públicos. Esta violencia puede ser un punto de desacuerdo dentro del movimiento o respecto a sus espectadores, pero recordemos que, en la revolución, se conmemora a las soldaderas del tiempo, como en las pinturas de Frida.

Ahondando en lo que subyace detrás de este movimiento se detecta el grave problema de violencia que existe en México, en particular contra las mujeres. El último empujón que encendió Un Día Sin Mujeres, fueron los asesinatos de Íngrid Escamilla, una mujer de 25 años, y de Fátima Cecilia Aldrighett, una niña de 7 años. Íngrid Escamilla fue apuñalada, desollada y desentrañada, y Fátima Cecilia Aldrighett, fue secuestrada al finalizar el día escolar. Encontraron su cuerpo en una bolsa de plástico en un sitio de construcción a las afueras de la cuidad de México. Esta realidad se hace patente también en el registro de feminicidios (asesinatos de mujeres por su condición de género) en los 32 estados de México. En 2019 se registraron en el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) 1,006 víctimas de feminicidio, un aumento del 10% respecto al 2018. Si se consideran los asesinatos de mujeres en general, el número aumenta a 3,142, un promedio de 10 muertes al día. Falta mucho para entender tanto el valor, como la insuficiencia, de las estadísticas, debido que hay muchos más casos de los que se reportan. También podemos   pensar que si el número crece es porque los informes y la atención sobre el problema han crecido de forma paralela en importancia.

Todo esto nos vale para reafirmar que las mujeres del movimiento de Un Día Sin Mujeres tienen la verdad de su lado. Con los datos y el reportaje de feminicidios, es evidente que tanto México como la actitud machista tienen que cambiar. Por mucho que se escape el poder de las manos del pueblo, siempre regresa, y cuando oscila hay que tener la fuerza de voluntad para que no siempre regrese al mismo punto, sino que se dé un paso adelante. Así se debe entender “la mexicanidad”. Como dijo Frida, “Yo debo luchar con todas mis fuerzas para que las pequeñas cosas positivas que mi salud me permite hacer sirvan para ayudar a la revolución. La única razón por la que vivir.”

Bibliografía

https://www.dallasnews.com/espanol/al-dia/mexico/2019/11/26/aumentan-los-feminicidios-en-mexico-en-promedio-10-mujeres-son-asesinadas-cada-dia/

https://www.gob.mx/sesnsp/acciones-y-programas/incidencia-delictiva-87005

https://www.eleconomista.com.mx/politica/Feminicidios-en-Mexico-por-arriba-de-los-homicidios-dolosos-en-2019-20200121-0134.html

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Love, Sarah. “Painting in the Shadow of the Big Three.” The Eagle and the Virgin: Nation and Cultural Revolution in Mexico, 1920-1940. Ed. Mary K. Vaughan and Stephen E. Lewis. Durham: Duke UP, 2006. 58-67. Print.

Potter, Sara. “Kahlo, Frida (1907-1954).” Iconic Mexico: An Encyclopedia from Acapulco to     Zócalo. Ed. Eric Zolov. Santa Barbara: ABC-CLIO, 2015. 294-99. Print.

Publicado por Natalia Yépez Frias

Natalia Yépez Frias estudió la Licenciatura en Ciencias Políticas en la Universidad de Notre Dame. Realizó programas académicos en la Universidad de SciencesPo Paris, Francia. Actualmente consulta con Huron Consulting Group, basado en Chicago, en temas tecnológicos para los sectores de educación y salud.

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