En memoria de John Hume

John Hume era un hombre afable al que fácilmente podías encontrar en los días soleados (que son pocos en Irlanda del Norte) dando un paseo cerca del río Foyle en “la ciudad que tanto amó”[1], del brazo del otro amor de su vida, Pat Hume. Si tenías la suerte de que tus ojos curiosos se encontrasen con los suyos, ya nublados por la enfermedad que le quitó la vida, te saludaba y te regalaba una sonrisa cálida. Desgraciadamente nunca tuve la suerte de conversar con él, parece ser que la demencia no tiene piedad ni con los premios Nobel de la Paz.

El pasado tres de agosto se marchó y muchos fuimos los que en Irlanda del Norte y el mundo entero lloramos su pérdida. Yo le lloré en silencio porque casi nadie de mi entorno (en España) sabe demasiado sobre el conflicto de Irlanda del Norte y tanto menos de quién fue John Hume. De hecho, cuando leí la noticia en voz alta una buena amiga me preguntó si hablaba de algún descendiente del filósofo David Hume. Probablemente fue entonces cuando decidí que escribiría algo sobre su vida y el lugar que fue mi hogar durante tres años, para mi amiga, para mi entorno y para cualquier otro lector curioso que tampoco tenga demasiado claro quién fue ese tal Hume que apareció el otro día en las noticias.

Para explicaros quién fue John Hume, debo sumergiros en la historia del conflicto norirlandés (“The Troubles” en inglés) y la situación de discriminación sistemática y persecución étnica que ha sufrido el pueblo católico en la isla esmeralda, concretamente en la zona del Ulster. Es una historia larga y compleja por lo que me limitaré a dar pinceladas sobre aquellos eventos determinantes que tuvieron (a mi parecer) un impacto directo en el conflicto y en su desenlace.

Desde principios del siglo XVII hasta finales del XVIII se produjo la colonización de  la Plantación del Norte de Irlanda. Las tierras de católicos nativos fueron entregadas a ingleses y escoceses (quizás John Hume fuese descendiente de David Hume y todo) venidos de la isla vecina. Estos sucesos dieron lugar a dos conflictos bélicos: Las Guerras confederadas de Irlanda y la Guerra Guillermita de Irlanda, ambas ganadas por los protestantes. El triunfo de Guillermo de Orange en la batalla de Boyne y el sitio de Derry se siguen celebrando anualmente por la Orden de Orange con marchas que paralizan las calles de Belfast, Londonderry[2] y otras grandes ciudades del norte.

Si eres católico todavía se recomienda que evites salir a la calle, sobre todo cuando las marchas pasan por los barrios tradicionalmente católicos. Sinn Fein lleva años abogando por prohibirlas por incitar al odio y a la violencia contra los católicos pero nunca ha alcanzado un acuerdo con el Democratic Unionist Party (“DUP”). Para los católicos es otro fracaso más del gobierno de coalición[3]. Para los protestantes un triunfo del modelo de gobierno de consenso. Mis amigas católicas esos días siguen sin poder ir al pub.

Tras estos dos conflictos bélicos, el poder de los anglicanos quedó reforzado por leyes que limitaban los derechos de aquellos que no se alineasen con los predicamentos de la Iglesia Anglicana (i.e. los católicos).  Luego llegó el  Acta de Unión de 1800, el surgimiento del Home Rule movement[4] a finales de siglo, los primeros grupos paramilitares a principio de siglo XX (IVF y los Irish Volunteers), la Primera Guerra Mundial, el primer triunfo de Sinn Féin en las generales, la Guerra de Independencia y al fin, el Acta del Gobierno de Irlanda de 1920 que partió la Isla en dos dando la independencia al sur (que pasaría a llamarse República de Irlanda) pero no al norte (Irlanda del Norte).

Por aquél entonces Irlanda del Norte se había convertido en uno de los mayores productores de barcos del mundo (el Titanic se fabricó en Belfast) y tenía una buena industria textil. En ambos sectores, los católicos ocupaban los cargos peor remunerados y los medios de producción estaban casi en exclusivas manos protestantes. De hecho, había puestos que los católicos directamente no podían desempeñar.

Esta distancia social también se veía reflejada en la distribución residencial. Todavía hoy se pueden encontrar banderas pintadas en las aceras de las calles que separan las zonas unionistas de las republicanas. Los barrios católicos eran (para sorpresa de nadie) los barrios más pobres de las ciudades (os animo a visitar el Bogside en Derry y ver sus preciosos murales), donde vivían hacinadas en pequeñas viviendas tres o cuatro generaciones familiares. Esto facilitaba todavía más el gerrymandering en favor de la mayoría unionista, práctica electoral que funciona de la siguiente manera: si creas diez circunscripciones, una en un barrio católico en el que viven quinientas familias, las otras nueve en barrios protestantes en los que viven en promedio cien familias por barrio, la minoría católica estará infrarrepresentada siempre.  

 También había segregación en los colegios: por un lado estaban los católicos (con menos recursos, más estudiantes por aula y muy controlados por la Iglesia) y por otro los colegios protestantes. De hecho, sigue existiendo esa separación. Si das un paseo un viernes por la tarde a eso de las cinco por Foyle Street verás un desfile de uniformes de colores. Esto facilita bastante que cuando conozcas a alguien nuevo puedas ubicarle ideológicamente. Fui al colegio en Derry tres años y mi uniforme era color verde Irlanda, verde republicano: nunca nadie local tuvo que preguntarme si iba a un colegio católico o protestante, mi ropa hablaba por sí sola.

Cuando la gente me contaba historias sobre la segregación católica siempre me imaginaba paralelismos con Estados Unidos. Me imaginaba una Rosa Parks irlandesa que no se podía sentar en el autobús protestante, un Oliver Brown irlandés que quería asistir a un colegio que no le correspondía étnicamente, ¿cómo era posible que la segregación étnica norirlandesa fuese tan parecida a la segregación racial del otro lado del Atlántico y que yo supiese tan poco?

En los años sesenta comenzó el movimiento por los Derechos Civiles en Irlanda del Norte, casi dos décadas después de que comenzase en América. Los católicos exigían el fin de la discriminación laboral, el fin del gerrymandering, una persona un voto y el fin de la discriminación en la asignación de viviendas entre otras muchas cosas. Hubo protestas en las calles, (re)surgieron los grupos paramilitares en ambos bandos y los tanques empezaron a patrullar las calles de Belfast y Derry. El conflicto escaló, aumentando el número de detenciones ilegales en las que se empleaban métodos de interrogación inhumanos como reconocería la Corte Europea de Derechos Humanos el 78. Todavía no se conoce la cifra exacta de desaparecidos durante el conflicto.

El 30 de enero de 1972, soldados británicos mataron a catorce civiles no armados en la ciudad de Derry, día que pasaría a la historia como Bloody Sunday y sobre el que U2 escribiría una de sus canciones más reivindicativas. Poco después se volvió a introducir el Direct Rule[5] desde Westminster. El IRA respondió intensificando la lucha armada (la organización criminal mató a más de 1700 personas durante el conflicto). Entonces comenzaron las negociaciones en secreto que siempre negó Margaret Thatcher, los intentos fallidos de diálogo. No había habido ningún avance hasta la fecha para poner fin a la lucha armada.

Uno de los grandes debates del momento era el estatus político de los presos del IRA asunto que llegó a convertirse en una batalla personal de Margaret Thatcher. Bobby Sands parlamentario electo mientras cumplía sentencia en la cárcel de Maze, murió haciendo huelga de hambre en el 81 y sigue siendo considerado un mártir de la lucha por los derechos civiles.

Y en este sobrecogedor contexto histórico debemos ubicar a John Hume, un hombre católico que había sufrido discriminación toda su vida. Su pueblo había estado oprimido durante siglos, en su entorno se apoyaba la lucha armada, se veneraba al IRA, se despreciaban las instituciones británicas. Y con todo, él vio que seguir alimentando el odio no era la manera de acabar con el conflicto, creó el SDLP, el que sería el partido republicano más popular durante décadas, inve ntó una manera distinta de enfocar el republicanismo norirlandés. Abogó por el diálogo incluso cuando le granjeó la enemistad de sus amigos más cercanos, de su entorno. Recibió amenazas del IRA, fueron a por él, a por su familia, a por Pat el otro amor de su vida. A pesar de todas las adversidades, consiguió que Gerry Adams (líder histórico de Sinn Fein) se sentase en la mesa de negociación para que su partido condenase de una vez por todas la lucha armada.

Siempre creyó en el derecho a la autodeterminación del pueblo irlandés desde el consenso y el respeto a los derechos civiles de los unionistas. Luchó para que los nombres de los desaparecidos y las víctimas no se olvidasen, de ambos bandos. Se reunió con el UUP de David Trumble (entonces el partido unionista más popular), con el gobierno británico (de John Major primero, de Tony Blair después), con el irlandés, y diseñó el Acuerdo de Viernes Santo (Good Friday Agreement) que supuso un antes y un después en la historia de Irlanda del Norte.  En el acuerdo se pactó la paz, la creación de la Asamblea de Irlanda del Norte y del gobierno de poder compartido, la retirada de la armada británica, la doble nacionalidad (Irlandesa y británica) para todos aquellos norirlandeses que la desearan y el fin de la lucha armada. El mismo año que se firmó el acuerdo, John Hume junto a David Trumble recibió el premio Nobel de la Paz.

Hoy en día su figura es más importante que nunca en Irlanda del Norte (a raíz del Brexit) pero también en el mundo entero. Fue un político ejemplar, un fuerte defensor de la mediación y el diálogo como método de resolución de conflictos, un gran activista por los derechos civiles, un ser bondadoso. Teniendo en mente algunos eventos de la política europea y nacional reciente, haríamos bien en empezar a cultivar sus enseñanzas y en intentar mantener vivo su legado.


[1] No puedo dejar pasar la oportunidad de referenciar la canción de The Dubliners sobre la ciudad de Derry llamada “The Town that I loved so well”.

[2] El nombre oficial de la ciudad británica es Londonderry pero los republicanos llaman a la ciudad Derry como reivindicación política, de igual modo que dicen Norte de Irlanda en lugar de Irlanda del Norte.

[3] En Iranda del Norte existe un Sistema de “poder compartido” (power-sharing) en el que se reparten los ministerios entre los partidos mayoritarios de forma proporcional. Esta regla existe precisamente para asegurar que siempre haya gobiernos de coalición unionistas y republicanos.

[4] El movimiento buscaba fomentar el autogobierno regional a través de la creación de un parlamento irlandés dentro de Reino Unido.

[5] En Reino Unido existe un sistema de “devolved goverment”, el Parlamento Británico (que “en teoría” es soberano) delega su poder ejecutivo, legislativo y administrativo en gobiernos regionales. Durante el conflicto norirlandés, Westminster centralizó de nuevo el poder sobre el territorio.

Publicado por Carmen Rubio

Soy graduada en Derecho y Ciencias Políticas por la Universidad Autónoma de Madrid. Actualmente estudio el Máster en Derecho de la Unión Europea en el Colegio de Europa.

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