Trump vs. Biden: una mala elección

Votantes americanos en un evento de campaña.

Estamos a escasos días de lo que prácticamente todos consideran la batalla electoral más importante de 2020: las elecciones presidenciales en los Estados Unidos de América. El martes siguiente al primer lunes del mes de noviembre, en concreto el 3 de noviembre, los americanos irán a las urnas para elegir a su futuro presidente. En esta ocasión tienen que elegir al presidente número 46 de los Estados Unidos de América y tienen que escoger entre el actual presidente y líder republicano Donald J. Trump o el ganador de las primarias del Partido Demócrata, Joe Biden.

A día de hoy, a pesar de las numerosas encuestas tanto estatales como nacionales, intentar predecir el resultado electoral resulta prácticamente imposible. Algunos medios como The Economist, colaborando con expertos informáticos, han desarrollado sistemas de machine learning para intentar predecir el ganador. No obstante, aunque estos sistemas tengan acceso a todos los datos de las campañas electorales anteriores, es difícil imaginar que puedan incorporar con fiabilidad en sus predicciones las consecuencias de la crisis sanitaria causada por el SARS-CoV-2. Incluso si esta última variable se pudiera eliminar, debido al gran número de factores implicados, estamos ante una de las campañas electorales más complejas de los últimos años, solamente comparable quizás a las ultimas elecciones británicas con el Brexit de trasfondo.

Trump: economía, petróleo y proteccionismo

A principios de 2020 todo apuntaba a que el actual presidente se iba a enfrentar a una campaña de re-elección relativamente fácil. La economía americana había alcanzado cifras récord de empleo durante su primer mandato, y los sueldos estaban subiendo hasta un 4% de forma anual, destacando especialmente la subida de los sueldos más bajos. Dada la tendencia histórica a la re-elección de los presidentes cuando la economía presenta datos positivos, nada auguraba lo que iba a suceder.

A principios de año China desveló al mundo la detección de un virus hasta entonces desconocido, el SARS-CoV-2. La pandemia que éste ha causado ha tenido muchas consecuencias, entre las cuales el dejar entrever unas grandes deficiencias en la Casa Blanca y en el modelo de liderazgo de Donald Trump. La falta de colaboración con los Estados y los mensajes contradictorios del presidente han sembrado el desconcierto entre los americanos. Empeorando la situación, al mismo tiempo que se hacía visible la relación entre la mortalidad del virus y el nivel socio-económico de parte de la población, la desafortunada muerte de George Floyd ha servido para incendiar las calles de las metrópolis americanas de una forma no vista desde la década de los años ‘60. El presidente Trump, lejos de intentar calmar los ánimos, ha intentado aprovechar la violencia de los manifestantes para animar a sus bases de votantes más fieles.

Todo esto nos deja ahora a menos de una semana de las elecciones con un presidente cuya estrategia, resumida de forma sencilla, consiste en convencer a los votantes de los suburbios americanos que él es el único capaz de garantizar su seguridad, tanto impidiendo más violencia como facilitando la llegada de una vacuna.

Biden: ecología, pasividad y olvido

Por otro lado, está Joe Biden, un candidato sobre el cual el mejor elogio que uno puede verter es que sabe cómo funciona la burocracia de Washington D.C. Mientras Donald Trump ha estado dando ruedas de prensa casi diarias asustando a muchos americanos, la estrategia de Joe Biden ha consistido en pasar desapercibido, dejando que el presidente fuera cavando poco a poco su propia tumba. Ha estado varios meses sin aparecer delante de la prensa, ganándose el (despectivo) apodo de Sleepy Joe por parte de sus rivales. Empeorando las cosas, los múltiples lapsus de memoria que Joe Biden ha protagonizado en varias ocasiones, llegando incluso a olvidar el nombre de su rival, no han servido mas que para poner en duda su capacidad para llevar a su fin un mandato de 4 años.

En gran parte estos aspectos negativos han sido neutralizados gracias a la intervención de la prensa. La mayor parte de los medios americanos, cansados de los enfrentamientos con el actual presidente, han optado por proporcionar una cobertura decididamente favorable a Joe Biden. Medios como el New York Times, Washington Post o CNN han explicando sus propuestas (reforma sanitaria, apuesta por el multilateralismo, transición a energías renovables…) como si a veces los propios periodistas formaran parte de su equipo de campaña.

Así, dada la estrategia seguida por Joe Biden hasta ahora, la mayoría de los expertos que siguen la campaña electoral coinciden en algo relativamente insólito: el candidato demócrata lidera las encuestas no gracias al entusiasmo que despierta en el electorado, si no porque la antipatía que muchos americanos sienten por el actual presidente los lleva a votar en su contra, y en este caso eso supone votar a un apático Joe Biden.

América: un modelo a evitar para los europeos

La extraña campaña electoral que hemos presenciado a lo largo de este año no deja de ser un reflejo de la polarización de la sociedad americana. Históricamente, los americanos han tendido a alinearse con sus líderes en casos de crisis nacionales, cómo sucedió con el presidente George W. Bush tras los intentados del 11 de septiembre de 2001. Sin embargo, en esta ocasión, en medio de una pandemia global, la sociedad americana no ha encontrado una figura conciliadora en la Casa Blanca. Por otro lado, se podría argumentar que incluso ante una actitud diferente del presidente, dado que gran parte de los americanos ya habían dado irreversiblemente la espalda a su líder hace mucho tiempo, la falta de unidad era previsible. La simpatía de muchos americanos hacia su presidente no ha mejorado ni siquiera cuando este contrajo el virus, al contrario de lo sucedido en el Reino Unido con Boris Johnson.

Adicionalmente, esta polarización se ha traducido en otros sucesos que hasta hace poco ni siquiera los más pesimistas podrían haber imaginados: la nominación de una juez en el Tribunal Supremo a falta de una semana de las elecciones, la detención de un grupo de individuos que planeaban el secuestro de un gobernador, la censura de noticias de medios reconocidos como el New York Post en redes sociales…

El futuro siempre viene cargado con incertidumbre, y aunque no sabemos que elegirán los americanos de aquí a unos días, los europeos podemos utilizar el ejemplo de lo sucedido este año en los Estados Unidos de América para saber exactamente hacia donde no debemos dirigirnos.

Los medios americanos muchas veces retratan el viejo continente como un lugar que carece de la energía y entusiasmo que se atribuyen a sí mismos. Quizás sea cierto, de la misma forma que es cierto que la Unión Europea es una organización que dista mucho de la perfección. Pero la Unión Europea es al mismo tiempo un claro ejemplo de que cuando ponemos por delante aquello que nos une en vez de aquello que nos separa, las naciones pueden avanzar con mucha más facilidad hacia su principal propósito: el bienestar de sus ciudadanos. Desde la creación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero tras la Segunda Guerra Mundial hasta hoy los europeos hemos disfrutado de una prosperidad nunca vista en el continente. Es fácil criticar las interminables negociaciones en Bruselas o las reuniones del Consejo Europeo que acaban sin consenso y que transmiten una aparente falta de agilidad. Pero es mucho peor estar gobernado por líderes como Trump o Biden cuyo único propósito parece ser polarizar a la ciudadanía para su propio beneficio. Cuando los europeos tengamos que elegir a los líderes del futuro, ojalá recordemos lo que sucede hoy en día en los Estados Unidos de América y optemos por líderes moderados, conciliadores y que sean capaces de anteponer el bien común antes que por sus propios intereses.

Publicado por Bogdan Duma

Soy un químico especializado en industria farmacéutica y en mi tiempo libre un apasionado de la economía y política internacional.

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