¿Es posible un partido político en España que solo represente los intereses de los jóvenes?

Hace unos meses, Carlos Fernández Esquer, doctor en Ciencia Política por la Universidad Autónoma de Madrid, viendo que España tenía en julio de 2020 el nivel de paro juvenil más alto de Europa, se preguntaba en Twitter si había espacio para el surgimiento de un partido que represente los intereses de los jóvenes.

Efectivamente, en España, el paro de los jóvenes es especialmente alto, y mucho mayor que el de otros grupos de edad, sobre todo a raíz de la Gran Recesión iniciada en 2008:

Gráfico 1

Evolución de la tasa de paro en España en función de la edad (2002-2020)

Fuente: elaboración propia a partir de datos de la EPA, realizada por el INE.

El gráfico 1 nos muestra la evolución de los niveles de paro en función de la edad entre 2002 y 2020, con datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), realizada por el Instituto Nacional de Estadística (INE). En él podemos ver que, desde 2002, la tasa de paro siempre es superior entre los grupos más jóvenes. Además, el aumento registrado en momentos como la Gran Recesión o en 2020 es mayor entre los segmentos más jóvenes.

Siendo así, efectivamente, vemos motivos por los cuales se entendería que se crease un partido en España para representar los intereses de un grupo que sufre tanto el desempleo, aunque, como veremos luego, también se ve muy perjudicado por otros motivos.

Antes de continuar, señalemos una curiosidad: en realidad sí existe un «partido joven» en España. Se llama «Influencia Joven», y lo fundó Francisco Nicolás Gómez Iglesias, más conocido por su apodo de «Pequeño Nicolás».

Este partido declara en su manifiesto ser apolítico y estar únicamente dirigido a defender los intereses de la «generación millenial», que definen como «una de las más vulnerables de los últimos siglos».

Sin embargo, dicho partido no ha llegado a presentarse a ninguna elección, pues se creó en 2019, y si bien pretendía presentarse a las elecciones al Parlamento Europeo de ese año, no cumplió a tiempo con ninguno de los dos requisitos necesarios para que el BOE publicase su candidatura: reunir 15.000 firmas de electores o ser avalado por 70 representantes municipales de toda España.

Dejando de lado las curiosidades de personajes extravagantes, sí es cierto que hay motivos en España por los cuales se podría entender que los jóvenes, como colectivo especialmente desfavorecido, votasen en masa a un partido que representase sus intereses, pero no creo que sea posible que apareciese tal partido, y mucho menos que lograse alcanzar grandes cuotas de poder.

¿Por qué los jóvenes españoles podrían estar interesados en votar por un partido que les representase?

Si bien he abierto este post hablando sobre paro, este no es el único aspecto en el cual los jóvenes están peor que los adultos.

Durante la crisis, no solo aumentó el desempleo entre los jóvenes más que entre los adultos: según el «Informe Juventud en España 2016» también aumentaron el riesgo de pobreza, la proporción de personas con contratos temporales y el pesimismo acerca de perder el empleo, mientras que disminuyeron el optimismo con respecto a encontrarlo, los ingresos y el poder adquisitivo.

Todo lo anterior llevaba a que, según el mismo informe, un 45% de los jóvenes considerasen que la juventud era el colectivo más perjudicado por la crisis, solo un 35% afirmase que tras la crisis la situación volvería a ser como antes, y un 36% consideraba que a su generación le iría peor que a la de sus padres.

Hasta aquí, podríamos pensar «es una crisis, a la gente le va mal: normal». Efectivamente, la crisis de 2008 afectó duramente a España, pero, como veremos ahora, no afectó por igual a todo el mundo.

En el gráfico 1 veíamos que el aumento del paro no fue igual por grupos: para los menores de 24 años este fue de más de treinta puntos porcentuales, mientras que para los mayores fue de menos de veinte. Además, tal y como explica El muro invisible (Politikon, 2017), mientras que durante la crisis los ingresos de los jóvenes se redujeron y su tasa de riesgo de pobreza aumentó, no lo hicieron tanto entre otros grupos de edad. Es más, para los mayores de 65 años, entre 2005 y 2015 la tasa de pobreza se redujo a la mitad. En cuanto a la renta mediana, entre 2011 y 2014 esta disminuyó un 20% para los jóvenes de entre 18 y 24 años, mientras que para los mayores de 65 aumentó un 5%.

Coincide que los jóvenes, por definición, se ubican en una etapa de la vida (los primeros años de la edad adulta) que se denomina «años impresionables» (Sears, 1983), pues en estos años los individuos son más sensibles al contexto y más propensos a cambiar de actitudes y comportamiento.

Siendo así, se entiende que durante la Gran Recesión los cambios en las actitudes y comportamiento de los jóvenes fuesen especialmente altos con respecto a otros grupos de edad. En efecto, durante la crisis en España aumentó el número de personas con una actitud crítica hacia la política, pero que apoyaban la democracia y mostraban interés por la política, hubo más manifestaciones y firma de peticiones, y la confianza en las instituciones políticas bajó; estos cambios fueron especialmente intensos entre los jóvenes (Benedicto y Ramos, 2018; García-Albacete et al., 2016; García-Albacete y Lorente, 2019).

De esta forma, vemos que la doble crisis económica y política de 2008, por haber afectado especialmente a la juventud, precarizándola y aumentando principalmente sus sentimientos de indignación y su actitud crítica hacia la política, constituyó una aparente tormenta perfecta para la aparición de un partido que representase sus intereses. Y de hecho, ocurrió algo parecido, según vemos con datos del Centro de Investigaciones Sociológicas:

Gráfico 2

Evolución de la suma del porcentaje de votos obtenidos por el PP y el PSOE en las elecciones generales, por grupos de edad (2008-2019)

Fuente: realización propia a partir de las encuestas poselectorales del CIS para las elecciones generales.

En el gráfico 2 vemos que los dos partidos de gobierno, el PP y el PSOE, sufrieron un castigo electoral especialmente fuerte entre los más jóvenes, quienes por lo contrario pasaron a votar más por Podemos y Ciudadanos:

Gráfico 3

Evolución de la suma del porcentaje de votos obtenidos por Podemos/UP y Ciudadanos en las elecciones generales, por grupos de edad (2015-2019)

Fuente: realización propia a partir de las encuestas poselectorales del CIS para las elecciones generales.

En el gráfico 3 podemos ver que Podemos y Ciudadanos siempre han tenido más éxito entre los jóvenes que entre las personas adultas y ancianas. Por tanto, podríamos decir que, en cierto modo, Podemos y Ciudadanos ya son partidos «de jóvenes».

Sin embargo, estos, en su discurso, nunca pretendieron representar única y exclusivamente a la juventud, sino a todos los grupos de edad. Y esto es inteligente por su parte, pues a continuación expondré los motivos por los cuales considero que un partido que quiera representar solamente a los jóvenes no es viable políticamente.

Por qué es imposible ver surgir un partido de jóvenes

Existen dos grupos de motivos por los cuales un partido de estas características no podría tener peso político: el primero son motivos relacionados con la viabilidad en términos electorales de dicho partido incluso suponiendo que los jóvenes le votasen en masa; el segundo son motivos por los cuales considero poco probable que los jóvenes votasen por dicho partido.

Un potencial electorado pequeño

Al pensar en la cuestión de la viabilidad electoral, se plantea un primer elemento: ¿cuántos potenciales votantes tendría un partido así?

Gráfico 4

Evolución del peso de cada grupo de edad (%) sobre el total de la población española (1979-2019)

Fuente: realización propia a partir de datos del INE.

Con el gráfico 4 vemos que el grupo de edad más joven es también el menos numeroso, especialmente desde los años 2000, donde se aprecia un envejecimiento de la población española. Por tanto, un partido que representase exclusivamente a los jóvenes se dirigiría al grupo menos numeroso en España: el potencial caladero de votos es muy pequeño.

No solo es un caladero menor, sino que además está compuesto por personas que son más abstencionistas, por lo que pesan sobre los resultados finales de las elecciones incluso menos de lo que les correspondería solo por su peso demográfico:

Gráfico 5

Porcentaje de abstencionistas en las elecciones generales, por grupos de edad (2015-2019)

Fuente: realización propia a partir de las encuestas poselectorales realizadas por DATA SA (para 1979 y 1982) y el CIS (1986-2019) para las elecciones generales.

De esta forma, vemos que los jóvenes no son un electorado sobre el cual sea muy seguro asentar su base: por un lado son menos numerosos, y por otro son más abstencionistas.

Ya hay un precedente en España: según explica Pau Marí-Klose (2012) en su artículo «Prioridades poco prioritarias. Jóvenes en la agenda gubernamental en España (1982-1996)», el PSOE, al principio de los años ochenta, tenía un electorado muy juvenil, que con el tiempo fue sustituido por unos votantes más envejecidos. Esto tuvo un reflejo en los programas del partido, en los cuales fueron ganando importancia las menciones a los ancianos, en detrimento de la juventud.

Según Marí-Klose, esto se debe a que el PSOE, estratégicamente, vio que era arriesgado depender de un electorado joven, ya que además este grupo era más sensible al contexto, y más propenso a cambiar su voto (lo cual es delicado si se busca construir una base electoral duradera), lo cual concuerda con los estudios que nos dicen que los jóvenes, por tener menos desarrollada su identificación con los partidos políticos, cambian el sentido de su voto con mayor facilidad (Alwin y Krosnick, 1991; Franklin y Jackson, 1983; Jennings y Markus, 1984).

Un último motivo es una cuestión, digamos, de «identidad»: la juventud, por definición, es una etapa transitoria. Esto hace que difícilmente se podría construir un partido duradero, con un electorado estable, si los propios votantes a quienes se dirige el partido saben que algún día dejarán de ser aquello sobre lo cual se fundamentaría su identidad como votantes de dicho partido. Es decir, un partido «para los jóvenes» se vería obligado a renovar completamente sus votantes cada diez años, aproximadamente, lo que exige muchos esfuerzos en comparación con la posibilidad de tener un electorado asentado.

¿Votarían los jóvenes por un partido que solo les representase a ellos?

Como adelanté más arriba, hay un segundo grupo de motivos por los cuales considero que un partido que representase solo a los jóvenes no sería viable: que es muy posible que los propios jóvenes no votasen por él, por dos motivos.

El primero es sobre la composición interna de la «juventud»: no todos los jóvenes son iguales. Los hay de izquierdas y de derechas, ricos, pobres y de clase media, que viven en entornos rurales y en entornos urbanos… De esta forma, un partido que pretendiese favorecer a los jóvenes, ¿qué haría? ¿Subiría los impuestos o los bajaría? ¿Daría ayudas al desarrollo rural, o ayudas para la adquisición o alquiler de viviendas en los entornos urbanos, que es donde es más cara? A menos que exista un tema concreto y evidente para el cual todos los jóvenes estén de acuerdo en los problemas y soluciones comunes, nada garantiza que todos viesen la solución a sus problemas en las propuestas de un solo partido.

El segundo es una cuestión de pertenencia a una institución social: la familia, que además en los países del Sur de Europa es muy importante. Preguntémonos: ¿quién quiere hacer política contra sus padres y sus abuelos? Esto es importante, pues un partido que busque representar solamente a los jóvenes tendría que abordar la cuestión del reparto de recursos en función de la edad dentro del Estado, cosa que haría buscando favorecer a los jóvenes. Pero difícilmente podría tomar medidas sin que fuesen en detrimento (en mayor o menor grado) de adultos y ancianos, pues todo reparto de recursos limitados es un juego de suma cero.

Conclusión: el contrato social intergeneracional en tiempos de COVID-19

Tal y como he argumentado, en España, habiendo sido los jóvenes especialmente perjudicados por la crisis de 2008, y habiendo reaccionado políticamente más que los adultos, podría parecer lógico que apareciese un partido que solo buscase defender los intereses de la juventud. Con todo, no pienso que esto sea posible, pues los jóvenes tienen poco peso entre los votantes, y además considero poco probable que votasen a un partido así.

Para terminar, me gustaría sin embargo cerrar con una reflexión en relación a la COVID‑19. Esta enfermedad, que ha causado muchas muertes alrededor del mundo, afecta especialmente a las personas mayores, siendo los jóvenes los que sufren menos las consecuencias.

Para hacer frente a esta enfermedad, se han tomado medidas que han supuesto una paralización casi total de la actividad económica española, y cuando dichas medidas se han levantado, no se ha vuelto por completo a la normalidad. Esto ha hecho que la economía española se resienta, aumentando el paro; y al igual que durante la crisis de 2008, este ha aumentado especialmente entre los jóvenes (gráfico 1).

Así, estamos en una situación en la cual, para hacer frente a una amenaza que apenas afecta a los jóvenes, se han tomado medidas que les afectarán gravemente económicamente, mientras que para las personas de mayor edad las consecuencias serán menores.

De ninguna forma estoy diciendo que no se deban tomar dichas medidas: preservar la vida de las personas debe ser una prioridad, y debe actuarse en este sentido, incluso aunque supongan un coste económico.

Sin embargo, ¿qué solución se ofrecerá a los jóvenes? O mejor dicho: en una perspectiva de contrato social, ¿qué se ofrece a los jóvenes a cambio de ser los principales perjudicados por la recesión? Durante la crisis de 2008 se observó un cambio de actitudes y comportamiento político especialmente fuerte entre los jóvenes. ¿Qué ocurrirá con la recesión que va a empezar ahora, y cuyas consecuencias sufrirán especialmente pese a no tener ninguna culpa?

Bibliografía

Alwin, D., y Krosnick, J. A. (1991). Aging, Cohorts, and the Stability of Sociopolitical Orientations Over the Life Span. American Journal of Sociology, 97, 169-195. https://doi.org/10.1086/229744

Benedicto, J. (2017). Informe Juventud en España 2016. Instituto de la Juventud.

Benedicto, J., & Ramos, M. (2018). Young People’s Critical Politicization in Spain in the Great Recession: A Generational Reconfiguration? Societies, 8(3), 1-30. https://doi.org/10.3390/soc8030089

Franklin, C. H., y Jackson, J. E. (1983). The Dynamics of Party Identification. American Political Science Review, 77(4), 957-973. https://doi.org/10.2307/1957569

García-Albacete, G., y Lorente, J. (2019). La juventud después de la austeridad. Comportamiento y actitudes políticas. Revista Internacional de Sociología, 77(4), 141. https://doi.org/10.3989/ris.2019.77.4.19.004

García-Albacete, G., Lorente, J., y Martín, I. (2016). How does the Spanish «crisis generation» relate to politics? En P. Thijssen, J. Siongers, J. Van Laer, J. Haers, & S. Mels (Eds.), Political engagement of the young in Europe: Youth in the crucible. Routledge, Taylor & Francis Group.

Jennings, M. K., y Markus, G. B. (1984). Partisan Orientations over the Long Haul: Results from the Three-Wave Political Socialization Panel Study. The American Political Science Review, 78(4), 1000-1018. https://doi.org/10.2307/1955804

Marí-Klose, P. (2012). Prioridades poco prioritarias. Jóvenes en la agenda gubernamental en España (1982-1996). Revista Española de Investigaciones Sociológicas, 140, 69-88. https://doi.org/10.5477/cis/reis.140.69

Politikon. (2017). El muro invisible: Las dificultades de ser joven en España. Debate.

Sears, D. O. (1983). The persistence of early political predispositions: The roles of attitude object and life stage. Review of Personality and Social Psychology, 4, 79-116.

Publicado por Jaime Coulbois

Politólogo, estudiante del máster en Democracia y Gobierno UAM en el marco del convenio de doble titulación UAM-Sciences Po Bordeaux, y becario de formación en el Centro de Investigaciones Sociológicas.

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