¿Cómo afecta la estructura multinivel de España a la competición electoral entre partidos políticos?

La actual Constitución española, en virtud de su artículo 6 y por primera vez en la historia constitucional de España, predica de la importancia de los partidos políticos: “Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son un instrumento fundamental para la participación política” (art. 6 CE 1978). Repárese que ni siquiera en la Constitución de 1931, en tanto que primer texto constitucional democrático español, hay una referencia tan clara hacia los partidos políticos, es más, ni se les nombra sino que tan solo se habla de “facciones políticas” (art. 62 CE 1936). El mandato constitucional es claro: los partidos políticos son los actores que vienen a encargarse del desempeño de la acción política. Por otro lado, el nuevo sistema político español que vino de la mano de la Constitución de 1978, favorecerá la aparición de una amplia y compleja estructura de cargos públicos y puestos de gobierno, mayoritariamente accesibles por la vía electoral, que hará del sistema de partidos español uno de tipo multinivel que modificará enormemente las luchas y competencias políticas y electorales entre los distintos partidos políticos actuales.

El sistema de partidos multinivel puede ser entendido como la agregación de “un sistema de partidos nacional que surge de las elecciones para puestos nacionales y un conjunto de sistemas regionales de partidos que reflejan los resultados de las elecciones regionales” (Sweden y Maddens, 2009: 6). Si bien es cierto que esta tradicional definición no acierta en mostrar todos los niveles que pueden encontrarse dentro un sistema de partidos, sí expresa la idea de la existencia de subsistemas dentro de un sistema de partidos más amplio. En otras palabras: un sistema de partidos multinivel es aquel que se caracteriza por estar fragmentado en otros sistemas de partidos más pequeños con sus propias particularidades; y por tanto, integrado por diferentes anfiteatros electorales.

Desde la instauración de la democracia actual, la descentralización del poder político en las comunidades autónomas y el establecimiento de una serie de pautas institucionales y legales, como la Ley Orgánica 8/2007 de 4 de julio sobre financiación de los partidos políticos, que pretendían evitar todas aquellas experiencias democráticas adversas previas tales como “la baja institucionalización de los partidos, la inestabilidad gubernamental y las tensiones centro-periferia” (Rodríguez-Teruel y Barrio, 2018: 342); la competición electoral en España, única y exclusivamente dirigida por partidos políticos, se ha visto rodeada de nuevos espacios de lucha electoral, a saber: a nivel nacional, el Congreso de los Diputados y el Senado; a nivel regional, las comunidades autónomas, las diputaciones provinciales y los cabildos insulares; a nivel local, los municipios; y a nivel internacional, el Parlamento Europeo. Es por la existencia de estos espacios electorales que las elecciones en España son múltiples y diversas en tanto que se dan en distintos escenarios políticos con sus propias dinámicas y peculiaridades que han de ser ocupados mediante una victoria electoral (en el caso de las diputaciones provinciales de manera indirecta).

La aparición de distintos niveles de gobierno (nacional, regional, local, europeo…) ha dado lugar a un sistema de partidos multinivel en el que dichos distintos niveles de gobierno interaccionan y se condicionan mutuamente ya sea a través de la cooperación o de la competición y no solo electoral sino también parlamentaria y/o gubernamental. La competencia electoral se ha regionalizado y no solamente en un sentido político-territorial en virtud del artículo 137 que predica la idea de autonomía para los entes locales (municipios y provincias) y las comunidades autónomas (a las que debemos añadir también las islas por disposición legal en virtud del artículo 1.2 de la Ley 7/1985 Reguladora de las Bases del Régimen Local); sino también en un sentido de interdependencia entre los distintos núcleos de poder político.

Repárese en que los partidos de ámbito estatal se han visto enormemente condicionados por esta regionalización de la competencia electoral en un sistema de partidos (y gobiernos) multinivel. Véase el caso del Partido Socialista Obrero Español (en adelante PSOE), un partido de tradición e integración verticales donde el secretario general ha venido ostentando históricamente un enorme poder de dirección e influencia tanto en los niveles inferiores del partido como en los regionales. Sin embargo, con la aparición de los distintos niveles de gobierno que mencionábamos con anterioridad, sobre todo con las comunidades autónomas, los líderes regionales del partido, ahora que tienen la posibilidad de alcanzar puestos de gobierno en un determinado territorio, comienzan a ganar poder e influencia, y por tanto, independencia con respecto al poder central del partido, pero también “capacidad para adaptar el discurso y las políticas de las ramas territoriales a las características de la competencia en cada Comunidad, lo que en ocasiones ha generado tensiones entre territorios y con la dirección estatal” (Rodríguez-Teruel y Barrio, 2018: 356). En este sentido destaca el ejemplo del Partido Popular (en adelante PP). En este han proliferado conflictos internos de partido entre el actual presidente popular Pablo Casado y distintos presidentes autonómicos (Maldonado, 2020; Ortega, 2020) y esto se debe en gran medida a que los segundos ocupan distintas plazas autonómicas como Galicia o Andalucía, es decir, ocupan núcleos de poder a partir de los cuales hacer valer sus intereses no solo políticos sino también partidistas.

No obstante, más allá de las luchas internas de partido, adviértase que no alcanzar en unas elecciones un determinado nivel de gobierno como es el nacional pero si hacerlo en los niveles autonómicos, como es el caso del PP en varias autonomías, supone poseer una enorme capacidad de acción ya que, entre otras cosas, y conviene recordarlo, “los órganos ejecutivos y legislativos de las Comunidades Autónomas están legitimados para interponer recurso[s] de inconstitucionalidad contra las leyes, disposiciones y actos del Estado con fuerza de ley que puedan afectar a su propio ámbito de autonomía” (Tribunal Constitucional de España, 2016).

Sin embargo, los partidos no solo compiten entre ellos en los periodos electorales o se enfrentan desde los puestos de gobierno y/o legislativos que ocupan. A veces, optan por establecer relaciones de cooperación ya sea en el ámbito electoral, parlamentario o de gobierno. Destaca como singularidad del sistema de partidos multinivel español las alianzas permanentes entre partidos de ámbito estatal y de ámbito no estatal. Las dinámicas multinivel también se han trasladado al ámbito gubernamental autonómico y local, sobre todo “cuando las coaliciones de gobierno entre partidos nacionales y regionales han tendido a ser congruentes, de manera que trataran de tener el mismo color político en gobiernos de distintos niveles” (Rodríguez-Teruel y Barrio, 2018: 357). Véanse los actuales gobiernos de colación entre el PSOE y Unidas Podemos (en adelante UP) a nivel nacional y sus homólogos (junto a Compromís) a nivel autonómico en la comunidad valenciana.

Con respecto a la competencia electoral y política española, esta ha venido asentándose sobre los clivajes clásicos de izquierda-derecha y centro-periferia. Es más, todo los clivajes diferentes a estos, como el tradicional república-monarquía o el moderno vieja política-nueva política, han sido, y hay que destacar que en muy poco tiempo, engullidos por los clivajes clásicos. Véase como los nuevos partidos de 2015, UP y Ciudadanos, han terminado pactando de manera mayoritaria con unos y no con otros, el primero con el PSOE y el segundo con el PP. Asimismo, el sistema de partidos español se caracteriza por unos “bajos niveles de polarización y la falta de radicalización partidista en la vida política” (Rodríguez-Teruel y Barrio, 2018: 351), aunque destaca que los ciudadanos españoles siempre han percibido una polarización más acentuada entre los propios partidos que entre ellos mismos (véase el gráfico 4 en Rodríguez-Teruel y Barrio, 2018: 353). Con respecto a las estrategias de competencia empleadas por los partidos políticos en las distintas capas de lucha electoral, estas se han caracterizado por ser centrípetas; y el conflicto político ha ido arraigando en la arena parlamentaria moviéndose en la dinámica gobierno-oposición o, en menor medida, en la dinámica centro-periferia, pero siempre vinculado a la dimensión multinivel del sistema político español (gobierno nacional, autonomías…).

En conclusión, en España la dinámica multinivel que aquí hemos presentado de manera muy escueta ha sido clave para la conformación de uno de los sistemas de partidos más singulares del mundo. El despropósito de cargos y puestos de gobierno resultado de la descentralización política a ocupar por parte de los partidos políticos – tan solo la suma numérica de diputados, senadores, parlamentarios autonómicos, diputados provinciales y europarlamentarios da un total de 2972 cargos – , ha hecho que estos hayan tenido que ir diversificándose con el paso de los años mediante la sustitución de partidos estatales en determinados territorios por pseudo-filiales regionales (Unión del Pueblo Navarro al PP en Navarra o el Partido de los Socialistas de Cataluña al PSOE en Cataluña) o incluso verse obligados a reducir drásticamente su presencia como partido, sea por no tener ni fuerza ni medios con los que competir electoralmente (véase el caso Más País en las últimas elecciones que no se presentó en provincias como Lugo o Granada) o no tener un discurso adaptado para el ámbito sobre el que se compite (véase el caso Vox en el País Vasco donde en las últimas elecciones generales no obtuvo ningún diputado).

Además, la estructura multinivel de España ha venido favoreciendo el crecimiento del número de partidos políticos que han ido surgiendo en el anfiteatro electoral español pues posibilita/ facilita, en virtud de la autonomía y la descentralización político-territorial, la aparición de partidos con objetivos locales y/o regionales como Teruel Existe o el Partido Regionalista de Cantabria, cuyos intereses pueden proyectarse e integrarse fácilmente, tanto regional como nacionalmente, en un sistema político como el español. No obstante, la competencia electoral no puede ser observada sin tener en cuenta la competencia política en el campo parlamentario: la excesiva interdependencia de los distintos núcleos de poder (autonomías, municipios…), nunca gobernados por un mismo partido político en su conjunto y por tanto, nunca bajo un mismo mando, han sido armas de lucha político-electoral en virtud de las competencias que podían ser ejercidas desde dichos núcleos de poder por los distintos partidos políticos generando así un desgobierno español.

Publicado por Pablo García Ariño

Estudio ciencias políticas y filosofía en la UCM. Interesado en la historia política del Mediterráneo antiguo y el pensamiento político español de los siglos XVI y XVII. Aspiro a ser administrador civil del Estado

Un comentario en “¿Cómo afecta la estructura multinivel de España a la competición electoral entre partidos políticos?

  1. Conciso y clarificado ensayo. La peculiaridad de un logro redistributivo de la voluntad popular nunca bien entendido por los depositarios de la misma. Un punto de partida para avanzar en la igualdad del peso específico de cada voto independientemente del multinivel. La necesidad de listas electorales abiertas que permitirían que el voto individual no fuera cautivo de la confrontación de partido en los diferentes multiniveles en función de los intereses de su dirigentes. Hace falta un anfiteatro electoral abierto, como el anfiteatro de la era clásica y no un anfiteatro cerrado como el desarrollado desde la era moderna.

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